VICTOR HUGO
MORALES
Periodísta.
Algunas páginas aisladas que fui
conociendo de Enrique Roel me habían llamado la atención.
La mirada del melómano simple, sin formación
académica siempre requiere el apoyo de aquellos a
través de los cuales considera que puede corroborar
sus intuiciones, el buen asiento del placer que experimenta
ante una obra. Las apreciaciones de mis amigos más
preparados coincidían en señalar que estábamos,
efectivamente, ante un creador de talento y personalidad.
Para que esto fuera un hecho indiscutible, para ellos, los
críticos y para mí, el simple gozador, resultó
un estimulo definitivo el estreno en el Teatro Colón
del Doble Concierto para dúo de pianos, violín
y orquesta de cuerdas de Enrique Roel, interpretado por
la Mendelssohn Chamber Orchestra en la temporada 2002. La
obra elegida por el Maestro James Brooks-Bruzzese para esa
presentación consta de tres movimientos en los cuales
se advierte la notable formación de Enrique, el profundo
aprendizaje de diversos lenguajes musicales que enriquecen
el propio del compositor.
Están allí los compases de un tango que dicen
ante el empuje melodioso de su propia esencia, como si el
compositor, hundiera la mano por debajo de la superficie
para sacar, como se toma el agua de una fuente, nuevos materiales.
Al escuchar la obra descubro siempre algo nuevo, eso que
sucede ante las composiciones que crecen a medida que las
disfrutamos y que asumen un lugar con su propio perfil en
la atmósfera musical que todos construimos y que
se convierten en el bagaje personal.
Cada uno de los movimientos, parejos en su duración
y originalidad, nos acercan a los climas que proyectan sobre
nosotros la ciudad que habitamos, el impresionismo que evita
los facilismos melódicos, el crescendo de una pieza
de Ravel.
Una paleta rica y atractiva siempre, una orquestación
que nos mantiene en vilo, un diálogo a veces áspero
y ahora dulce de los instrumentos. Cuando comencé
a ofrecerla por radio, la reacción del público,
desafió las coordenadas por las que muevo mis programas:
música accesible, que no implique un esfuerzo pesado,
que no aleje la atención del oyente. Sospecho siempre
que mi procedencia de manifestaciones populares como el
deporte, puede ayudar a nuevas públicos a animársele
a un mundo dañado por los preconceptos, tales como
los que indicarían que la música que denominamos
clásica es para una elite, para conocedor, para personas
cultas. Cuando presenté el Doble Concierto sabía
que, como en otras ocasiones, ampliaba mi horizonte y al
tiempo que proponía el goce directo, acercaba al
público una delicada invitación a descubrir.
La respuesta de los oyentes fue expresada con tal entusiasmo
que el placer por la música de Enrique Roel cedió
paso al deleite que provoca el éxito y el reconocimiento
de aquellos artistas que admiramos y que no dudo en señalar
como parte muy valiosa del inmenso capital de la Argentina
en el plano de sus nuevos creadores. Escuchar la obra será
para quienes aun no la conocen, mucho más elocuentes
que estas palabras.
Victor Hugo Morales.