Fiebre
operística del sábado a la noche.
Por Marta Opacak
Todo aquél que haya
tenido oportunidad de escuchar a la Orquesta Sinfónica
Ciudad de Buenos Aires, sabe de la calidad de sus interpretaciones.
Cada presentación, deja una huella especial en nuestra
memoria, fundamentada por su amplia y prestigiosa trayectoria.
La Gala Lírica Máxima del pasado sábado
16/6, con el Auditorio de Belgrano a sala llena, no fue la
excepción a esa regla.
Dirigida por el Maestro Enrique Roel, el público pudo
tomar contacto una vez más, con la acertada ejecución
de sus profesionales, plena de momentos de alto vuelo artístico,
al llevar a cabo un programa operístico que incluyó
fragmentos de obras de Rossini ("El barbero de Sevilla"),
Bellini ("Norma"), Donizetti ("Lucia Di Lammermoor"),
Bizet ("Carmen"), Puccini ("Tosca"), Offenbach
("Los cuentos de Hoffman") y por supuesto Verdi
("Aida", "Macbeth", "Rigoletto",
"La Traviata" y "Nabucco").
Rescatamos como momentos destacados del espectáculo,
la labor de todos los solistas en el cuarteto de "Rigoletto",
la emotiva y bella interpretación de la "Barcarola"
de "Los cuentos de Hoffman" de la mezzosoprano Alicia
Cecotti y la soprano Haydeé Debusti y la "Celeste
Aida" del tenor, Antonio Grieco. Pero sin duda merece
un lugar especial, porque sobresalió claramente, tanto
por su expresividad, como por su presencia escénica
y la musicalidad dramática de su registro, el barítono
Leonardo López Linares, que logró pasar con
soltura y naturalidad del pícaro Figaro en "Dunque
io son", al vengativo Enrico, hermano de Lucia en "Cruda
funesta smania" y "La pietade in suo favore",
brillando en el conflictuado Macbeth de "Pieta, rispeto,
amore". Una performance excelente que el público
agradeció con estruendosa ovación.
Digno cierre de velada fue la participación del Coro
de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires,
para regalarnos el "Va pensiero" de Nabucco y el
"Brindis" de la Traviata. A esta altura, todo era
una gran fiesta participativa, con la compañía
completa en escena, animando al auditorio a hacer palmas,
que llegaron a ser dirigidas por Roel, en una particular fiebre
operística del sábado a la noche, que fue un
placer disfrutar. |